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4.- DE CÓMO LA PALABRA “HISTOR”, “JUEZ”, PASÓ A SIGNIFICAR “HISTORIADOR”  

        Homero usó la palabra griega “Histôr” con el significado de “el que conoce la ley”, es decir como sinónimo de “juez”, en dos versos de la Ilíada.

        En el Canto XVIII, v. 501, dice: “ambos recurren a un juez para tener una decisión” ; “amphô d iesthên epi histori peirar elesthai”).


        En el Canto XXIII, v. 486: “nombremos árbitro a Agamemnon Átrida” ; “histora d Atreidên Agamemnona theiomen amphô”), aludiendo a una carrera de caballos en que el dificilísimo cargo de árbitro es asignado a una persona que no sólo es capaz de ver con nitidez lo sucedido sino que también sus compañeros lo consideran imparcial e incorruptible.


        Posteriormente Heródoto usó la palabra (“historiai”), que en griego significa “investigaciones” o “indagaciones”, para titular su conocida obra “Los nueve libros de la Historia”, dedicada a registrar los hechos del pasado. Fijó el propósito de sus investigaciones en su deseo de “que no se desvanezcan con el tiempo los hechos de los hombres...”

 

Herodoto Herodoto


        Después de Heródoto, la palabra “historia” perdió su significado prístino y pasó a significar un relato ordenado de los acontecimientos de los hombres. Así “histôr” adquirió el significado de “historiador”. De su etimología debería deducirse que “Historiador” sería el “Juez del Pasado”. Sólo el Tiempo podrá decir la última palabra.


        Las vigas maestras de la historia son la heurística y la hermenéutica. La heurística o técnica de investigación es amplísima y no tiene más limitaciones que las impuestas por la hermenéutica, es decir por lo ya averiguado por otras ciencias. De lo expuesto se deduce que si bien el documento es un elemento muy importante, no lo es en término absoluto.

        Después de todo la mayoría de los juicios civiles nace de las diferentes formas de interpretar lo expresado por las partes en escrituras públicas, toda vez que en muchas de ellas no se establecieron normas para enfrentar los hechos del futuro.


Primera Parte


5.- PROTOHISTORIA DE LOS HECHOS GEOGRÁFICOS OBSERVADOS POR HOMERO EN EL CÍRCULO ÁRTICO DE NORUEGA

        La hipótesis general de esta investigación obliga a demostrar que los hechos geográficos sucintamente descritos por Homero en la Ilíada y profundizados en la Odisea corresponden con precisión a realidades fácilmente verificables, existentes todas en la costa atlántica de Noruega y dentro del círculo ártico, conformando el confín occidental de un feraz continente.

        Debido al medio milenio transcurrido entre la vida de Homero y la época en que los griegos llegaron con sus navegaciones hasta el Mar Negro y las costas itálicas, los nuevos navegantes creyeron encontrar en cada región visitada un lugar parecido a determinado punto referido por Odiseo, lo que dio base a una confusión que dura hasta el día de hoy.

        Consciente de que una afirmación tan contradictoria con las interpretaciones tradicionales exige ir respaldada por una comprobación científica incontrovertible, capaz de hacer brillar la evidencia aún para los ojos del lector más incrédulo, recurriré a parangonar lo dicho por Homero con la realidad geográfica que hoy conocemos porque ésta no ha cambiado en los últimos cinco mil años. Si bien estos hechos geográficos son hoy sobradamente conocidos y visitables a través de internet, nunca han sido vinculados con los viajes de Odiseo, a pesar de surgir fácilmente su correlación debido a la nitidez de las descripciones homéricas.

        Dado que la realidad geográfica y astronómica de la costa ártica noruega coincide plenamente con las descripciones contenidas en la Ilíada y en la Odisea en no menos de quince circunstancias distintas y complementarias, obliga a inducir que ello importa una prueba de valor absoluto para demostrar que Homero existió y que personalmente estuvo allí, por cuanto la geografía no ha cambiado.

        Como en ninguna otra parte del mundo se dan conjuntamente estos quince accidentes geográficos, cabe concluir en forma inevitable que él los conoció personalmente dada la suma perspicacia que se nota en sus vívidas descripciones. Debido a su complejidad no podría haberlos adivinado ni tampoco haberlos recibido de terceras personas. La lógica obliga. Resultaría una situación extraordinariamente anticientífica suponer que tantas similitudes pudieran ser meras coincidencias.

        A todas ellas nos referiremos en detalle en los acápites que vendrán más adelante.

        Afirmamos lo anterior al comprobar con el atlas en la mano que todos los accidentes geográficos descritos en la Ilíada y en la Odisea expresan con enorme realismo el medio marino que en conjunto se desarrolla en la costa noruega, donde comienza la región del Círculo Ártico. En ninguna otra parte del mundo se da esta doble conjunción, hechos y descripciones geográficas tan vívidas que tienen el sabor, olor y ruido de mar.

        Es posible que los viajes de Homero puedan parecer una gran novedad debido a que éste ha sido hasta ahora considerado solamente un poeta. Esto no es de extrañar porque Hesíodo, que fue su primer comentarista, no supo ni podía saber que Homero navegó con los fenicios ni menos hasta donde viajó con ellos.

        Aún más, como Hesíodo nunca fue un navegante, mal habría podido captar las vicisitudes inherentes a navegaciones realizadas en las tormentosas zonas árticas.


6.- LOS FENICIOS O TAFIOS CAMBIABAN BRONCE DE TÉMESA, EVENTUAL TÁMESIS, POR HIERRO

        Presumo que Homero habría podido fácilmente navegar en algún barco fenicio como carpintero, los actuales ingenieros, porque debió manejar esta lengua debido a que su aya o preceptora fue una sidonia de noble estirpe adquirida por su padre, la cual captó de inmediato la notable capacidad intelectual del niño y pudo enseñarle a escribir en versos la lengua fenicia.

   Carro del Sol

                                                            Carro del Sol

        Homero utilizó personajes ficticios para no hablar en primera persona y en este caso utilizó a la diosa Atenea, disfrazada del porquerizo Eumeo, para contar sus datos biográficos en el Canto XV de la Odisea, v. 402 a 454. Es de interés señalar que ya en ese tiempo los lenguajes estaban muy entremezclados por la llegada de los pueblos aqueos y dorios, Odisea, XIX, 172-177.

        También narró en el verso 184 del Canto I de la Odisea que Atenea, disfrazada de Mentes rey de los tafios, hizo referencia a que éstos desde Témesa llevaban bronce a cambio de hierro.

        De la simple lectura del texto cabe inducir que el Témesa de Homero es el mismo Támesis actual, lugar donde trocaban bronce por hierro.

        La vinculación de Témesa con el Támesis surge inequívocamente del hecho que siglos más tarde Julio César, al invadir el sur de Britania, conservó el nombre originario de Tamesa para referirse al río principal de ese país. Eventual filología de este vocablo podría consultarse en la página de internet http://www.oua.ox.ac.uk/

        Confirma esta apreciación los descubrimientos arqueológicos modernos relativos a antiguas explotaciones de estaño en las Islas Cassitérides o Islas Sorlingas (Scilly Islands). Este metal era aliado con cobre traído posiblemente de Chipre y así producían el bronce.

        En cuanto al lugar desde donde los fenicios traerían el hierro, se podría presumir que éste debió ser la costa ártica de Noruega, porque allí abunda este mineral. En época prehistórica en todas las regiones de Escandinavia, incluyendo Dinamarca, la abundancia de hierro debió ser tal que este mineral afloraba en los pantanos y se acumulaba en capas en las turberas, facilitando la fabricación de aceptables herramientas y armas.

        El conocimiento preciso que tenían los antiguos sobre la forma de templar el hierro se deduce del canto IX de la Odisea, v.390 a 394, en que se cuenta cómo chirriaba el ojo del Cíclope en contacto con el fuego de una estaca ardiente, al igual que chirria el hierro al rojo vivo cuando el herrero lo sumerge en agua fría para lograr su mayor dureza o temple. También Homero aludió directamente al hierro al describir el eje del carro , “sidereo axoni”) “sidereo axoni”) de la diosa Hera, en la Ilíada, V, 723.